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A 800 km de Shangai, o un viaje de cuatro horas en tren de alta velocidad hacia el oeste, se encuentra Wuhan, considerada como el centro político, económico, financiero, comercial, cultural y educativo de China central. 

Tiene una dinámica de cambio y crecimiento vertiginosos, combinando tradición y modernidad como signo de los tiempos de transición hacia el siglo XXI.
La mayoría del resto del mundo no había oído de Wuhan hasta estos días y cuando lo hizo, lo asociaba a un pueblo tradicional chino, con escasa infraestructura, anclado en el pasado, lleno de mercados carentes de higiene.
Lugares donde se comercializan animales vivos de hecho sí existen, así como grandes desequilibrios sociales, pero también hay una cara contrastante, con miras al futuro intentando no solo reformular la imagen del país sino su posicionamiento geopolítico global.
Wuhan es de hecho un centro industrial, financiero, universitario y hub de transportes de China central con 11 millones de personas, arquitectura de vanguardia y polos industriales, a años luz de la percepción a la distancia (geográfica y de falta de información).
Se trata de la ciudad más potente en cuanto a su economía, universidades y polos industriales, especialmente vinculados al procesamiento del acero, en el marco de una estrategia denominada “Made in China 2025” instalada por el gobierno con el objetivo de reinventar y posicionar la industria local con valores agregados de tecnología de avanzada y know how, atrayendo capitales y talento.
En su evolución, además, Wuhan fue destruída y levantada varias veces en el correr del siglo pasado. Luego de varios cambios, la ciudad ha demostrado su capacidad de recuperarse de desastres, lo que no deja de ser esperanzador en estos días.